Hola amig@s, el titular de hoy nos lleva a Egipto, donde ha sido encontrada una nueva esfinge por casualidad, data del final del imperio egipcio.
La nueva esfinge 'miniatura' del final del Imperio Egipcio.
Son pocos los que no han sentido un extraño y turbador escalofrío al
observar la monumental esfinge que, con su rostro carcomido por los
achaques, escolta las pirámides de Giza. No es el único ser -mitad
animal, mitad humano- que ha montado guardia durante milenios en las
arenas de Egipto. Una
misión local ha hallado la talla de una esfinge hasta ahora desconocida en las entrañas del templo de Kom Ombo, en el ardiente sur de Egipto.

La
figura, símbolo del poder del monarca, luce el "nemes" -la especie de
tocado de tela que usaban los faraones- y barba postiza. La misión de
arqueólogos realizaba tareas de drenaje de las aguas del templo cuando
apareció fortuitamente esta pieza tallada en arenisca que cautivó a
quienes participaban en los trabajos. Kom Ombo se halla sobre un
promontorio que domina el Nilo, a unos 830 kilómetros al sur de El
Cairo. El centro, con aspecto de acrópolis, está dedicado a Sobek, la
deidad cocodrilo que creó el Nilo y se halla ligada a la fertilidad.
"La
estatua data probablemente de época ptolemaica pues fue descubierta en
el lado sureste del templo de Kom Ombo, exactamente en el mismo lugar
donde hace dos meses fueron hallados dos relieves de piedra arenisca del
rey Ptolomeo V", señala el secretario general del consejo supremo de
antigüedades
Mustafa el Waziri.
En sus inmediaciones también se desempolvó recientemente el primer
torno de alfarero del antiguo Egipto, con 4.000 años de antigüedad.
La
talla será ahora sometida a estudio en busca de certezas, entre ellas,
determinar a que rey pertenece su faz. No obstante, su hallazgo junto a
sendos relieves apuntan hacia Ptolomeo V (210-181 a.C.), uno de los
últimos monarcas de Egipto. Accedió al trono a los cinco años. Su
coronación, celebrada en Menfis, quedó grabada en un decreto en
jeroglífico, demótico y griego que el mundo conocería dos milenios
después como la
Piedra de Rosetta, clave para descifrar la escritura jeroglífica.
La
nueva esfinge, con cabeza humana y cuerpo de león, es el testimonio
pétreo del final de un imperio. De hecho, Ptolomeo V administró el
principio del declive. Hasta el final de su reinado, logró mantener a
raya a sus enemigos pero acabó suplicando asistencia a Roma para
enfrentarse al ardor guerrero de los monarcas Antíoco III el Grande y
Filipo V de Macedonia. Tras su muerte, su legado se deshizo como un
azucarillo en mitad de batallas civiles y dinásticas. Los Ptolomeos
reinaron la tierra de los faraones durante tres siglos, entre el 320 a.C. y el 30 a.C. cuando la conquista romana finiquitó su dominio.
El ser mitológico rescatado de las profundidades de Kom Ombo -la
palabra 'esfinge' procede de la deformación griega de la frase egipcia
'seshep ankh', "viva imagen"- se suma a una larga lista de esfinges
desperdigadas por la geografía del país árabe. Con su poder de vincular
al monarca con el dios solar, uno de los ejemplares más antiguos es el
que representa a Dyedefra, el tercer faraón de la dinastía IV de cuya
pieza solo queda la testa. Otro bello modelo de esfinge es la del rey
Taharqo, de la dinastía XXV, tallada en granito.
La recién hallada
sería uno de los especímenes más tardíos. La más célebre y la que
carece de rivales es, sin duda, la gran esfinge de
Giza
y su representación del faraón Kefrén. Ha permanecido durante más de
cuatro milenios agazapada al pie de la meseta. Icono de la victoria de
Horus sobre las fuerzas hostiles al orden divino, ha esquivado
tozudamente la erosión del viento, las prácticas de tiro de soldados
extranjeros o las hogueras del fanatismo.
Hace cuatro años, se sometió a
una cura para reforzar pecho y cuello,
las partes más dañadas de su esqueleto. En cualquier caso, todo en su
figura de félido acostado resulta colosal: se alza por encima de los 20
metros; unos 57 metros separan sus garras delanteras de la cola y solo
la cabeza mide 5 metros. Una institución a la que le acaba de aparecer
repentinamente un pariente en el sur del país.